Otra vez el campo de verano
Otra vez fui al campo de verano en el templo de Cordoba. Esta vez la voy a hacer corta.
Basicamente, fue bastante parecido a la última vez en el ritmo de los días, aunque se notó la falta del Maestro. Faltaba esa energía extra, los zazenes dolían más, parecían más largos.
Como yo tenía para hacer el rakusu, durante la hora de samu me dedicaba a la costura. Me costó mucho aprender a coser, alfiletear, hilvanar, etc. Si la vez anterior volví hecho Jose el Leñador, esta vez volví hecha Juanita la Costurera. Me la pasé cosiendo a la mañana y a la tarde. Como tarea extra, me tocó levantar y lavar los platos un par de días, y como samu fijo, me tocó el bar. Abriamos tres veces al día, nos ocupabamos que las bebidas estuvieran lo más frías posibles y yo me encargaba de preparar y servir las bebidas. Estuvo bueno, aunque era un garrón estar trabajando mientras todos se divertían. Generalmente, cuando todos se iban a dormir, me servía una cerveza y me quedaba tomándola antes de irme a dormir yo también.
Por supuesto, no faltaron los sueños impresionantes y un par de noches de tormenta. Dormí bastante poco, pero a pesar del día largo y el esfuerzo, no me sentía cansado.
Una cosa importante es que me eligieron 2 veces para ser pilar. El pilar es un monje que se sienta antes que el resto, para ir acumulando energía en el zazen. Tenés que tener una buena postura y no moverte para nada durante zazen, así que fue un orgullo. Como es una tarea para los monjes, que yo no soy, me prestaron un kesa, que es el manto tradicional de los budistas. Me sentía increible. Eso sí, la segunda vez fue la segunda noche de la sesshin y ya estaba cansado, así que me costó muchisimo mantenerme quieto. Además, había muchos nuevos y se movían bastante, asi que eso hizo que me doliera y me distrajera más.
El que me eligieran para pilar y coser el rakusu creo que fue el comienzo del camino para convertirme en monje. Me interesa cada vez más. Igual es algo que me va a llevar mucho tiempo, como es mi costumbre.
Fuera de eso, esta vez había pocas mujeres de mi edad, así que por ese lado estuvo tranquilo.
Ahora tengo que terminar lo que me dieron para coser del rakusu, y esperar que vuelvan los monjes para empezar zazen otra vez.
Las piernas y sobre todo las rodillas todavía me duelen. Cuesta volver a la condición normal. jejejeje
